
Hace unos días tuve un extraño pero revelador sueño. Soñé que era una casa de varios pisos. No estaba
dentro de la casa sino que yo
era la casa. Mi perspectiva era la del techo o la ventana. Y de pronto me movía, me movía con lentitud pero con el impacto de un temblor. Sentía como mis propios cimientos se elevaban para dar un paso y girar. Girar hacia la izquierda, dar una vuelta completa. El vértigo subía por mis caños y se apoderaba de mis azoteas, venía desde abajo un desenraizamiento profundo que me obligaba a moverme. Una casa que se mueve, que gira y no puede evitarlo.
Ese era un sueño del cambio, de un cambio sustancial.
Y ayer, ridícula pero ejemplarmente, ganaron las elecciones en Chile los que estaban por“el cambio”.
Nunca pensé que me afectaría tanto. De hecho, a veces pensaba con liviandad aquello de que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen y que si Chile quería a P. había que dárselo. Igual fui a votar disciplinadamente, consciente de que es una vergüenza atroz tener un tipo así gobernando en La Moneda y, por supuesto, por los hermanos del resto de Latinoamérica, que están en una parada muy diferente a los chilenos y hay que apoyarlos por el futuro del mundo, por la simple razón de que el capitalismo salvaje es mortal para el planeta tierra. Otro mundo es posible etc etc. No es que la otra opción abogara realmente por ese otro tipo de mundo pero al menos había una tendencia en esa dirección. Pero estaba ya agotada, aparte de las traiciones, felonías, falta de liderazgo y tanto otro mal con que azotaron durante 20 años al país.
Los amigos no chilenos que me leen se preguntarán por qué me afecta tanto que gane la derecha en mi país, en Alemania la Merkel no lo ha hecho del todo mal, verdad? Pero es que yo me acuerdo. Me dicen que gana la derecha y se me vienen los militares a la cabeza, la violencia, la represión, los prejuicios, el descriterio, el valor nulo a la diferencia. La pacatería. Ignorancia, tanta cosa fea. Es mi experiencia, sorry.
Me viene el trauma y me dan ganas de escaparme con la herida a cuestas a lamérmela en una esquina a solas. El niño quemado siempre le va a tener miedo al fuego. Me puedo hacer la tonta, me puedo hacer la valiente, el miedo estará dentro de mí y los que no lo conocieron no pueden juzgarlo. No saben lo que es la derecha en el poder. Ahora son dueños de todo, al menos se cayeron las caretas.
Entonces me fui a verlos, a los fachos celebrando en la Plaza Italia, como nunca celebraban los fachos con banderas chilenas y estrellitas de colores en la Plaza Italia. Ya no tenemos bandera, la cooptaron, ver una bandera chilena siempre me recordará a los fachos celebrando su triunfo en la Plaza Italia. Eran los más pobres y los más ricos. Estaban celebrando juntos, casi me emocioné. Ese fenómeno tan extraño de los “desclasados” que votan por el patrón. Es que la hicieron de lujo, fue una jugada brillante dar la impresión de que desaparecía la desigualdad con las tarjetas de crédito. El pobre cree que porque puede comprarse el mismo auto que el rico –aunque sea a 120 años de pagarlo en cuotas- es igual a él. Por eso hay que arrimarse a la plata para que haya más plata, mis poetas del club me lo dijeron bien clarito hoy día.
Dónde quedó esa consciencia casi mitológica del pueblo chileno, no me digan que empezó a agonizar en la dictadura para terminar exterminada durante la democracia. Ahora hay que pagar. No se puede discursear una cosa e implantar otra. Ahora empezaremos a darnos cuenta que desarrollo es algo más complejo que las macrocifras. Ojala no sea demasiado tarde después y todavía contemos los chilenos con algo que sea chileno.
Por mi parte, yo casa decido no meter más la cabeza bajo la arena.

así iba yo, obligando a mi sombra a seguir a los votantes que sabían

una parada en la esperanza, pero estaba cansada

de ésto viene harto con el cambio; ferias y pistolas

la doña bandera cooptada

el celular ya no es de palo

los enanos con P.

los autos y las minas como sello nacional

al fin la banda...
Santiago de Chile, bonjour tristesse