
de izquierda a derecha: Bernardo, Marco Pena y Lillo Baeza (organizador en Galería Subsuelo),David, Llanquiray, Máximo, Francisco
Pasaban por aquí camino a Barcelona, los cuatro jinetes del apocalipsis levantaron una polvareda de impresiones, un cúmulo de reflexiones conectadas a mi propia experiencia. Intensas fueron sus presentaciones y su presencia pasajera me dejó añorando de antemano. De cierto modo me sentí cómoda siendo interpretada, por un momento perteneciendo a una forma común de ver las cosas, una experiencia básica que impulsa en distintas direcciones.
Me refiero a la visita de cuatro artistas de origen mapuche. Los artistas visuales
Máximo Corvalán,
Francisco Huachiqueo y
Bernardo Oyarzún, junto al poeta
David Aniñir. A Europa los trajo una organización llamada “
a pata pelá”. Aquí va el link donde además encontrarán links a la obra de estos artistas :
http://www.apatapela.org/ Aquí en Berlín un
grupo de altruistas personas comandado por la activista política, socióloga y gran anfritriona
Llanquiray Painemal organizaron dos presentaciones del grupo que estuvieron marcadas por el interés del público en conocer detalles sobre el proceso de producción de su obra, así como de las estrategias de resistencia desplegadas por ellas.
En ese sentido, me pareció interesante con qué sinceridad hablaron estos chicos de la forma en que coquetean con el medio artístico para sacar adelante su obra. Su trabajo consiste en parte en maniobrar ciertas tretas del débil que los protegen de la incursión frontal y los obliga a seguir otras rutas de expresión.
Una alta metaforización les ayuda a pasar gato por liebre, sobre todo en el caso de
Máximo, su obra requiere ser interpretada, requiere estar atento. Las huellas de la biografía aparecen en su obra casi lavadas. Me da la impresión de que mientras más inexpresable –por doloroso- es el impulso que genera la obra, más complejo se torna el producto elaborado en el proceso creativo, febril intento de expresar.
Los restos de un padre ejecutado político desaparecen tras el análisis de ADN, qué ironía, hasta qué punto puede un hijo recuperar los huesos de Antígona sin condenarse a sí mismo. Probablemente ésta es una de las preguntas más difíciles que se puede hacer una generación que es “hija de” (en Alemania la generación de posguerra aún sufre por lo indecible). La necesidad de recuperar la memoria más que contra el olvido actúa declarando identidad, no identidad idéntica, no identidad de documento, sino identidad de monumento(que es ella misma sujeto de su historia) , identidad generada en la transformación.
En el caso de los inclasificables vídeos de
Francisco la transformación se lleva a cabo a todo nivel. No hay un momento en que un elemento no genere otro, su opuesto, elevando a mito lo banal (como la carrera de vídeo juego del hombre pájaro) y desmitificando lo sagrado (el hombre pájaro arrastrándose por unas monedas).
Este pensar contradictorio nos es difícil de seguir a quienes estamos acostumbrados a un mundo de buenos y malos, de traidores y leales, por eso nos choca de sobremanera escuchar la voz de Allende junto a la de Pinochet en su filme “El hombre pájaro”, desearíamos quedarnos cómodos en nuestro lado del muro, cultivando la morosidad de nuestras heridas, pero de pronto somos lanzados a un mundo en el que lo uno genera lo otro y de alguna forma se necesita. El interior necesita del exterior, la noche del día, el monstruo del ángel y viceversa.
Qué increíble que la visita coincidiera con la muerte de Michael Jackson, el angélico monstruoso que elevó a categoría de perfección el transformismo. Y es que de transformismo se trata la obra de
Bernardo, quizás la que más me llegó (por su abierto carácter terapéutico), este chico se instala sobre su herida y de allí remonta un hilo biográfico que lo lleva a explorar origen y contexto de su herida. Sus trabajos los plantea él mismo como de “afirmación del ego” y uno se sorprende con qué desparpajo utiliza la cualidad sanadora del arte, pasando por encima de maquillajes académicos que suelen ocultar el trabajo que hace el artista consigo mismo. Al perseguir su hebra dolorosa
Bernardo da con el error de la mirada (que lo cataloga y estigmatiza)y la denuncia. Lejos de permanecer víctima del ojo, su trabajo, marcado por una liberadora risa, revalora su persona, el color de su piel, su origen humilde, en fin, su biografía.
Por último me queda hablar de
David. Me fascinó haber conocido a este poeta, un poeta a la antigua como a mí me gustan. Con algo que decir, con duende, con una presencia que llena cualquier lugar. Mi aporte a esta visita fue traducir al alemán un par de poemas y casi sucumbir en el intento, ya que por poco no enloquecí (y
Patrick que corregía) tratando de encontrar la expresión correcta que me hiciera traductora y no traidora de su poesía. Ahí nuevamente me vi anquilosada en mis queridos viejos conceptos; que hay mucho gerundio, que por qué pasa a otra idea sin terminar la anterior, que el adjetivo cuando no da vida mata. Y es que es una lástima encerrar la poesía de
David en un papel. Pienso que ella se siente incómoda en el corset de las letras, ella tiene ganas de salir volando, apoderarse del aire, lanzarse de cabeza al corazón de los escuchas y desde allí influirlos, penetrarlos como un airecito que trae recuerdos de otros tiempos, de otras épocas. Sus poemas nunca son el mismo. Ellos se despliegan en neologismo (mapudungún-castellano), jerga callejera y prosodia con gusto a oralidad, pero también en manifestación energética, o sea, te dicen más de lo que están diciendo, te lo dicen con la sola presencia.
Yo sabiendo que David es un performer le propuse hacerme cargo de sus versiones en alemán pues temía la traición estéril de la traducción. Y me dejé contaminar por su presencia, traté de seguirlo y en cierto momento me sentí como un guerrero, llena de varonil brío! , con un mensaje y una razón para luchar. Para mí fue hermoso ponerme su piel por un momento - sí, ser otra- y de corazón agradecí que hayan poetas en Chile cuyo canto es manifestación de algo distinto al canto.
Terminando este post me queda la duda, qué puede ser lo que tenemos en común, artistas tan diversos de origen mapuche y yo? Aparentemente nada, mirando dos veces: mucho. Y es que en el trabajo radical consigo mismo que realiza cada uno de ellos se tienden puentes hacia el otro.
Allí en el interior es donde se difuminan las fronteras de lo que es mío y lo que es tuyo.