viernes, noviembre 20, 2009

de luto por una partida

jueves, noviembre 12, 2009

hallazgo

Ayer un cabro chico me contó una historia delirante:

"Había una vez un perro que estaba hecho de dos letras. Se fue a pasear y se encontró unos dientes. Eran dientes de caballo. Llegaron sus padres con cinta adhesiva y le pegaron los dientes. Entonces se convirtió en un perro de dos letras con dientes de caballo"

domingo, noviembre 08, 2009

el secreto del maíz

«Un reportero le preguntó a un agricultor si podía divulgar el secreto de su maíz, que ganaba el concurso al mejor producto, año tras año. El agricultor confesó que se debía a que compartía su semilla con los vecinos. ¿Por qué comparte su mejor semilla de maíz con sus vecinos, si usted también entra al mismo concurso año tras año?, preguntó el reportero. Verá usted, señor, dijo el agricultor. El viento lleva el polen del maíz maduro, de un sembradío a otro. Si mis vecinos cultivaran un maíz de calidad inferior, polinización cruzada degradaría constantemente la calidad del mío. Si voy a sembrar y obtener buen maíz debo ayudar a que mi vecino también lo haga. Lo mismo es con otras situaciones de nuestra vida. Quienes quieran lograr el éxito, deben ayudar a que sus vecinos también tengan éxito .Quienes decidan vivir bien, deben ayudar a que los demás vivan bien, porque el valor de una vida se mide por las vidas que toca. Y quienes optan por ser felices, deben ayudar a que otros encuentren la felicidad, porque el bienestar de cada uno se halla unido al bienestar de todos.»

lunes, octubre 26, 2009

En piel ajena



Como les anuncié el posteo anterior, fui a ver la película de Günter Wallraff y ésta, por cierto, cumple lo que promete: en Alemania hay racismo. El periplo de este periodista alemán que recorre su país en piel ajena comienza con una escena donde él intenta entrar a una discoteca. En la puerta lo paran los guardias, no lo dejan entrar. Günter negro insiste en saber por qué no es bienvenido. La respuesta: “África para los monos, Alemania para los alemanes”.
El periodista que saltó a la fama por denunciar las condiciones de vida de la mano de obra turca en Alemania, al fin puede cumplir un sueño de siempre; ponerse la piel de un negro. Sólo ahora- con más de 60 años- lo puede hacer porque antes no había un procedimiento que hiciera aparecer real el maquillaje. Gracias a una nueva técnica la máscara de negro de Günter lo hacen aparecer como un negro bastante creíble. Entonces se lanza a buscar el racismo con una cámara escondida en su peluca de afro setentero y el micrófono debajo de la camisa floreada. Günter hace una figura extraña, muy extraña. Parece tan despistado tratando de entablar contacto, tratando de adaptarse o al menos encontrar un punto de encuentro...me recuerda mucho al primer año que pasé aquí; uno es tan ignorante y despistado que hace una figura ridícula, fuera de contexto, es pasto seco para el rechazo. Pasadas algunas experiencias Günter confiesa a cámara que con su nueva piel ha perdido su normal personalidad; se da cuenta que se va poniendo cada vez más tímido, que cada vez le cuesta más sacar la voz, tiende a querer pasar desapercibido, lo que naturalmente es malo para un documental de ese tipo, con cámara escondida. El tiene que salir a buscar el enfrentamiento para tener algo qué mostrar pero su nueva piel le entrega también una nueva personalidad; una que busca o está obligada a la soledad. Porque lo vemos solo, solo y rechazado por casi todos. Es para llorar a gritos, después de un año él puede sacarse la piel negra y volver a su casa pero uno que tiene que pasearse con ese color por aquí no puede sacarse la piel y a menudo no puede volver a su lugar de origen.
Lo peor es el el racismo solapado, ese tic nervioso que disfraza prejuicio con amabilidad. No hay manera que Günter negro (o Kwami de Somalia, como se hace llamar) pueda arrendar un departamento, hacerse socio de un club de amaestramiento de perros o entrar a un bar. La respuesta se la dan con la sonrisa estampada a la cara y cuidando de no dar la verdadera razón de la negativa. El problema son los otros, a los otros podría no gustarles tener un vecino negro. Günter se va a meter a la boca del lobo, se mete en los lugares donde jamás se metería una persona de color en su sano juicio; al estadio, nada menos que a ver a Dresden contra Cottbus. Los que van allí no tienen ganas de disimular su racismo...Günter le debe a la policía el salir medianamente ileso del experimento.
Esta película impacta porque es la cruda realidad...¿es la cruda realidad?. Mi experiencia y mi intuición me dicen que la realidad es mucho más compleja de lo que aquí se muestra. La sociedad alemana es mucho más polifacética todavía; me habría gustado que Kwami se hubiera ido a meter a una universidad, a ver si los profesores le compran el disfraz. O se hubiera venido a meter a Kreuzberg, seguro que sale emparejado y con cabros chicos.
La cosa no es tan simple como yo blanco / tú negro. Hay una primera capa en la que el color de la piel define, mucho más allá de lo que hace persona a una persona lo primero es el color (todavía!). Lo dice Günter. Pero en una segunda capa lo que se hace patente es el miedo. El profundo miedo que corroe e imposibilita toda relación humana. Ese es el verdadero fascismo, el miedo a lo desconocido, el miedo a reconocer que otros y en otras partes son diferentes y hacen las cosas diferentes. Esa diferencia es lo único que ve el fascismo y la ve como algo negativo porque obviamente él está en el lugar correcto, en el lugar del que tiene la verdad. Cuando llega alguien diferente quiebra la imagen santa del mundo ordenado, pone inseguridad y miedo, causa rechazo. La ecuación funciona a muchos niveles. Sin embargo, a diferencia de la ciencia dura, la vida real ofrece siempre una oportunidad de obtener un resultado distinto al programado. Ese es el beneficio de atreverse al otro; una ampliación del propio mundo.

jueves, octubre 22, 2009

Imágenes víctima/victimario



El sábado me tocó asistir a una sesión del congreso “Opfer-Täter Bilder” donde mi amiga Antonia Torres participaba con una ponencia sobre el poeta chileno Bruno Vidal que se titulaba más o menos como”Darle una voz al victimario”.
La ocasión significó un renuevo de la reflexión que hace tiempo llevo.
No está demás decir que la ponencia fue bien recibida y causante de varias polémicas interesantes como la cita a la famosa sentencia el poeta maldito no se corta las venas, se baña en la sangre de los caídos que descolocó ostensiblemente a la audiencia o la tesis de Torres (el héroe de la poesía de Vidal -el pelao raso que cumplió órdenes y realizó el “trabajo sucio”- sería la verdadera víctima) hizo carraspear de sospecha a algunos serios investigadores. Se estaban justificando las atrocidades, se estaban perdonando las culpas cometidas por la dictadura militar?.
O sea, poner al victimario en el lugar de la víctima o, peor aún, poner a la víctima en el lugar del victimario es una operación que no se permiten los alemanes (al menos los cultivados). La versión histórica del mal vencido por los aliados es una cruz que llevan a cuestas y que los tiene comprometidos con su pasado. La creencia casi metafísica que recordar lo malos que fueron no los hará repetir lo mismo en el futuro.
Recuerdo cuando los amigos de Casagrande pretendieron bombardear con poemas la ciudad de Dresden, en esa época le llamaban a su acción “lluvia de poemas” . Eso no le gustó para nada al alcalde; la lluvia podría ser un símbolo de lavar la responsabilidad por los crímenes cometidos en la ciudad (la planificación al ataque a Stalingrado, por ejemplo). Por ningún motivo permitirían ellos siquiera relativizar la culpa del pueblo alemán (la banalización del mal de que hablaba Hanna Arendt) con respecto a sus crímenes. De cierto modo Dresden mereció ser destruido. La culpa que les sobra a los alemanes le falta a los chilenos.
Hay tantos caminos para recorrer la memoria. Creo que me vine a vivir a Berlin para encontrar el que mejor me acomodaba. Mi existencia se la debo a dictaduras y guerras.
Aquí me topé con el silencio de los viejos, la insistencia en no recordar nada, no haber sabido de nada, haber vivido el entonces como un sonámbulo. Una imposibilidad de decir el horror y el cotidiano que se desarrollaba cándido al lado del horror. Ese silencio que confirió estatus de mito al horror, calidad de dios al victimario y que hoy se manifiesta en enfermedades que perpetúan esa mudez. El silencio de los viejos me confrontó a mi propio silencio, fue el impulso para indagar en ese pasado del que huía para afrontar.
Entonces se me vino el poema “dios es el yotro” y con él la aventura de la sanación (la mía, pues).
Recuerdo que me costó mucho escribir “El Mamo Contreras es el Yotro”. Estuve sufriendo varios meses por ese verso. Cómo un asesino va a ser también el Yotro, tan Yotro como Salvador Allende. Trataba de argumentar en contra de mi propio verso pero no podía borrarlo, me daba náusea pensarlo pero sentía que si no aceptaba lo que me decía el Yotro me quedaría pegada en el lugar de la víctima (que también puede ser un cómodo lugar).
Lo mismo me pasa cuando leo o escucho algo de Bruno Vidal; náusea y atracción. Como un chaman este poeta devela los demonios y los hace patentes. Trabaja con ellos. Como un guerrero te da a comer el corazón del enemigo. ¿Para adquirir su fuerza? ¿Para robarle la energía?. De cierto modo su poética es un gesto de adquirir poder, de trascender esos lugares fijos o al menos evidenciar que no son fijos. No le da una voz estereotipo al victimario; lo hace ser humano, con sentimientos, ética y estética. Polémico, sí, doloroso leerlo, pero lo mismo hizo Alonso de Ercilla en la Araucana al pintar al araucano como un adversario digno.
El mundo en blanco y negro funciona a las mil maravillas. El blanco justifica su oscuridad porque el negro no conoce la luz y viceversa. Mientras no aparezca el gris los roles son intercambiables (véanse los suficientes casos –históricos, personales- en que la víctima se convierte en victimario) pero el gris es un color sucio, políticamente incorrecto.
Hace poco un artista alemán sacó a la calle de un pueblito más bien conservador un montón de gnomos de jardín (esas estatuas horrendas de gnomos que son la fascinación en los jardines alemanes) pintados de gris y de oro haciendo el saludo nazi. Grave error. Ahora la justicia investiga si el artista no ha incurrido en un delito por usar este saludo prohibido por ley, como todo lo que tenga que ver con el pasado nazi.
Ignoro si en Santiago ya le cambiaron el nombre a la calle 11 de septiembre pero en Alemania está afirmado por la Constitución que es un delito grave cualquier intento de negación o relativización del holocausto. Yo me preguntaba hace tiempo si es que tal iniciativa de NO OLVIDAR por ley haría ser otros a los alemanes, digamos, los haría capaces de reaccionar de manera diferente frente a las mismas circunstancias. Es cierto que no se puede generalizar y que el sentimiento de culpa masivo funciona como reloj pero hay cosas que son mucho más fuertes que la ley. Por ejemplo, hace unas semanas la asociación de musulmanes en Alemania propuso a los políticos si es que se podría establecer un feriado musulmán (la fiesta del azúcar, el fin del Ramadán) para que los niños pudieran celebrar tranquilos su fe. ¿Y qué pasó? Gran drama, en los foros en internet y también en la prensa se han multiplicado las defensas de los valores cristianos que serían la base de este país (mmm?), así como la histeria general por la idea de que antes de que Alemania tenga un canciller de origen turco se deberían cerrar las fronteras. Un amigo me comentó riéndose que ese era el reflejo que les quedó a los cristianos después de las cruzadas...pobrecito mundo nuestro, carga demasiadas cosas que no hay que olvidar.
Entonces, ¿qué pasa cuando el blanco se sale de su marco y se pone en el lugar del negro? Es lo que hizo el periodista Günter Wallraff que vivió undercover durante un año disfrazado de negro (de persona de color, eh?) y recorrió el país confirmando prejuicios y también experimentando algunas poquísimas muestras de coraje social. El resultado de su investigación saldrá en un libro “En piel ajena” y en una película que estrenan justamente hoy. La iré a ver y les cuento.

jueves, octubre 08, 2009

Invisible

Miro al otoño caer del cielo con su humedad inusitada, como hace música con el verde transparente afuera de mi ventana. Cuando deje de llover voy a salir, iré a comprar y hacer menesteres de sobrevivencia. Bajaré a Kreuzberg para mezclarme en la masa barrial.
Hay turcos en la esquina sujetándose apenas la testosterona en los bolsillos. Sus hermanos intentan jugar bajo la custodia del velo. Las mujeres saben su lugar y se visten para ello. Por su lado pasa una pareja de sexualidad indeterminada, la transexualidad es una especialidad berlinesa de hoy.
En el café de la esquina los solitarios insomnes se animan al calor de un latte. Resignados a la individualidad militante, hojean un periódico con displicencia. Yo paso por su lado y no me miran.
Tampoco me miran las suecas italianas que cacarean en inglés afuera del café. Ni los caballeros turcos que juegan backgammon y toman té. Sólo la chica gordita del almacén de la esquina me ve, nuestras miradas se cruzan. Yo sigo, quiero llegar a la panadería y comprar el mejor pan negro del barrio. La dependienta al verme me dice que es bueno tenerme otra vez por aquí. Me sorprendo, me ha reconocido. ¿En qué momento dejé de ser invisible?
Recordé cuando hace unas semanas crucé en mi calle de siempre en Santiago al almacén Jumbito para comprar pan –marraquetas- y la señora del almacén me reconoció y hasta se alegró de verme. Eso me pareció entonces una casualidad extraordinaria, como un deja vu del pasado que rescata al que fuiste. Lo que hiciste aquí, en todas partes lo hiciste, algo así.
Hacerse visible, ya no para los amigos y familiares (tarea de por sí compleja), sino para los otros desconocidos que conocemos y que vamos dejando en el camino como una colección de pálidas postales aéreas. Algo tan simple como “reconozco tu cara, tú eres de aquí”. Ese sentimiento ha sido durante mucho tiempo lo más cercano a la idea de patria que he conocido.Cuando la dependienta de la panadería me reconoce una banderita es colocada en mi idea de patria. Ocurre una conquista de la ciudad por la persona, por mi persona. Una conquista silenciosa e íntima, por cierto.
La diferencia radica en la cualidad indistinta de las ciudades. Hay ciudades que son para partir de ellas y otras para andar de paso. En ambas somos invisibles. En las ciudades para partir la visibilidad se consigue volviendo. En las ciudades para andar de paso te haces visibles cuando te quedas.

lunes, septiembre 21, 2009

hechar un vistazo

a lo que fue mi paseo a Chile, al menos lo que pudo registar la veleidosa máquina de fotos que falló cuando se necesitaba...

El viaje constó principalmente entre las cosas que pasaban antes de comer cosas ricas y las cosas que ocurrían después de comer cosas ricas.
Aquí castigándome con unas empanadas de mariscos.


En mi viaje me encontré con seres que merecieron mi admiración.
Como aquí, un árbol gigante y retorcido del jardín botánico de Valdivia.


mi envidia sana...quién como ellos!


mi devoción ( háblale a mi corazón)


mi sorpresa ( el bellavista me lo cambiaron por completo)


Mis ojos se regocijaron en lugares increíbles, sin palabras, sólo digo que pasé por ahí.






Y seguí comiendo (aquí un caldillo de congrio con harto ají para resucitar un muerto)


Tanto desarreglo no me cayó bien y tuve que pasar la celebración del lanzamiento de material mente diario comiendo galletitas de agua y tomando coca-cola


lo que no impidió que bailáramos


mi familia se reuniera después de harto tiempo


y no me fuera fácil desoír las proposiciones de descontrol


pero como ya llevaba semanas celebrando y adaptándome a las costumbres de mi tierra...
que incluyen llamar a los viejos amigos a altas horas de la noche para preguntarles si los hemos despertado


maldecir con todos las ganas


y arreglar el mundo mientras quede cerveza.


Increíble que llegara medianamente compuesta a cada una de las lecturas de mi "gira"
(aquí en la escuela de estética de la católica, me gustó esta lectura, fue íntima e intensa. Aquí un link de un comentario de una persona que estuvo allí http://revistalapagina.com/2009/09/01/tiempo-de-poesia/


o aquí cuando recité en la Chascona para Antología en Movimiento.


Por suerte que el libro estuvo a tiempo para el lanzamiento.


y mis presentadores, Javier Bello y Damaris Calderón, se lucieron con presentaciones hermosas, profundas y claras.


Por mi parte puse ese librito en el mundo y quedé muy contenta por ello.


Por último aquí pueden ver que Julián, mientras yo hacía todo eso y mucho más que se me queda en el tintero, no perdía el tiempo. Ya no sabemos si es pájaro o pez.

arrival

Aquí estoy de nuevo, de vuelta en mis antiguos pagos. Si no escribí no fue por falta de tema sino por una cierta falencia personal de poder escribir en caliente (admiro a quiénes lo pueden hacer; payadores o raperos, por ejemplo). No podría haber sido cronista de alguna batalla, mi talento encuentra su límite en el torbellino...necesito una cierta distancia y una poca de tranquilidad para escribir. Sí, ya soy lo suficientemente adulta como para no poder escupir sin antes masticar lo que la realidad externa e interna me depara...y habría tanto qué contar sobre mi estadía en Chile. Por cierto que lo haré pero ya no en el ritmo que el presente me dicte, sino a manera de reminiscencia e interpretación. Tendrán que perdonar mi poco profesional acercamiento a un género que vive precisamente de presente...pero es que a veces hay simplemente demasiada vida y escribir se parece un poquitito a la muerte.
Como quiera que sea, ya estoy acá.
En este momento me encuentro apoyada a un árbol en mi amado Görlitzer Park, tratando de no perderme los últimos rayos de un sol cobrizo que nos regala a los berlineses un postrero guiño amable de que aquí sí hubo un verano. Y yo me lo perdí. A mi lado una pareja se hace shiatsu en los pies mutuamente y se miran como tal vez no se irán a mirar en el futuro. Al otro lado hay una familia turca con abuelitos, bebés, adolescentes testosterónicos y padres acabados. Están haciendo un último asado y han traído mesas y sillas, narguile y cojines para sentirse como en casa aquí en el parque. Frente a mí se encuentran los amigos morenos escuchando reggae y recibiendo clientes. Pasa la gente en bicicleta, pasan las mamis con sus cochecitos, pasan los jóvenes hablando en italiano, en inglés, en polaco, en tanto idioma que se habla en esta Babilonia del mundo que amo. Yo estoy aquí, es simple ser una más en el paisaje, basta con acoplar su soledad a la soledad general, basta con incluir el propio sueño al sueño colectivo...y ya estás en Berlín.