
Me fascina la idea que propone Freud en su artículo sobre el poeta y la fantasía en cuanto a que el poeta se diferenciaría del común de los neuróticos porque presentaría su neurosis de manera tan seductoramente bella que nosotros, los lectores, olvidaríamos que se trata de un desequilibrio mental y hasta nos veríamos complacidos por él. Desde entonces ha corrido mucha agua bajo el puente de las ciencias y el hecho de que el escritor utilice su arte en cierta medida como un factor sanador de sus dolores más intensos es ya hoy algo que muchos aceptan (a excepción de los estudios literarios, claro). Pues no sólo los dolores emocionales pueden ser mitigados por la escritura, también los físicos. Como prueba somera y a la rápida están los testimonios de Kafka, que sólo escribiendo aliviaba su jaqueca crónica, o de Dostoievski, que creía mantener a raya sus ataques epilépticos en tanto escribiera. La relación entre enfermedad y escritura es estrecha y productiva. Se basa en la transformación del contenido insano (que normalmente en la medicina y en la sociedad se preferiría extirpar, combatir, hacer desaparecer) en uno que sea atractivo –digerible- para el otro y, por cierto, para sí mismo. De esta manera vemos que la sanación que ofrece la palabra poética no hace desaparecer el síntoma sino que éste es transformado en otra cosa. La transformación se realiza a nivel simbólico y responde a un impulso energético, que es, en definitiva, la emoción básica que late en un poema.
No somos una entidad trifásica en la que mente, cuerpo y espíritu no sólo no tienen nada que ver los unos con los otros, sino que además se entorpecerían mutuamente, como nos lo ha hecho creer cierta doctrina platónico-católica. En realidad conformamos una compleja unidad. Por otra parte, la salud y la enfermedad no son opuestos; están sometidas a procesos en los que una se funde en la otra y viceversa. También es hora de reconocer que la poesía es uno de los pocos ámbitos de la vida humana en que la enfermedad es percibida de manera positiva. Sin embargo, no es tarea de la poesía hacer desaparecer la enfermedad sino sacar provecho de ella y esto, estoy convencida, confiere dignidad y sentido a un oficio a menudo cruzado por calvarios difíciles de explicar de otra forma que no sea través del lenguaje poético.
2 comentarios:
Oye, pero no seas tan dura... G. Deleuze igual le dedica varios capítulos al tema de la literatura como medicina, o el escritor como médico de sí mismo en "Crítica y Clínica", un texto bastante usado en la ciencias literarias. Oye, ya poh... dime qué fragmentos quieres de la tesis para mandártelos, corazón!!!! Beso.
Antonia
Tienes toda la razón, no conocía ese libro de Deleuze pero como tú lo citas en tu tesis busqué ese texto fundamental y lo estoy leyendo...me imagino que cada vez será más importante considerar el proceso individual del autor con su escritura a la hora de analizar una obra.
Sabes me encantaría publicar aquí en el blog la parte de tu tesis sobre el espacio, con la lectura que haces de mi poema "fábula" y "el muro", todo ese capítulo lo encontré notable y me emocionó mucho que mi trabajo haya encontrado una gran lectora.
besitos
ale
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