En mis talleres procuro invertir el orden de las cosas. Me interesa facilitar un tiempo y un espacio, proponer un impulso que bien puede ser el comienzo de otro camino. Mi trabajo consiste en ser espejo y me siento cómoda reflejando lo necesario, urgente, por conflictivo, emocional, ridículo, desadaptado que resulte, trataré siempre de poner empatía por sobre autoridad. Es lo mínimo que puedo hacer; conocimiento e información hay por todas partes , el aire está lleno de él, la cosa es cómo respiramos, cómo entra el aire y sale transformado.
Escribir con mis alumnos pues soy una colega más, me expongo de la misma manera, me muestro en desnudez y artificio, asisto a mi clase como oyente, pupila del momento.
Me divierto como niña con ellos, mis alumnos son mis maestros, busco su aprobación.
El otro día nos pusimos de acuerdo en dos temas: la caña (aquel estado después de una noche de alcohol en exceso) y el encuentro. Escribimos cuentos cortos. Aquí van los míos. Me encantaron:
La caña
Se suponía que no quería tomar pero la botella de cachaza me hizo un guiño imposible de despreciar. Siempre quise ser carioca. Tenía una sed larga como el amazonas. Al día siguiente mi cabeza fue una selva arrasada por grúas y tanquetas. Mi estómago un sitio eriazo.
El encuentro
Conocí a Isidora por casualidad. Iba en el bus mirando por la ventana mientras me dejaba llevar por el vacío. Su mamá se sentó a mi lado y la sentó a ella en sus rodillas. Enervada la señora intentaba hacer callar su parloteo, sin resultados exitosos;Isidora tenía urgencia por comunicar. Entonces la escucho-la frase que me trajo el universo al transantiago: estrellita donde estás, quiero verte sin mirar.
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