Ante la pregunta sobre el compromiso del escritor con la sociedad, quiero dejar clara mi posición de antemano; cuando el compromiso con uno mismo es radicalmente sincero es impajaritable que éste sea también para con la sociedad. El compromiso social no surge de una puesta en escena o de las tendencias de los tiempos, no es mueca de la moda o mandato de la estructura; el verdadero compromiso del escritor con el mundo que lo rodea es una consecuencia del trabajo interno que realiza consigo mismo. En el fondo de uno las fronteras se disuelven y aquello que llamo mío es por necesidad también tuyo. Este movimiento de disolución fue el germen de mi compromiso con la sociedad; un voto de confianza al proceso de la vida.
Por tanto, para mí, el rol político del escritor no es una condición sine qua non de su oficio sino una posición que se da en un proceso. Pienso que no se saca nada con forzar estéticas y levantar palabras como banderas. El panfleto difícilmente genera pensamiento crítico. Insisto; si el escritor prestará su voz a los que no tienen voz, rescatará una memoria amenazada, tomará la palabra por los suyos; si el poeta busca remontar las corrientes del torbellino en torno de su ombligo, lo hará tras haberse encontrado cara a cara consigo mismo.
El escritor decididamente comprometido que nos convoca hoy día es un ejemplo claro de ello. Böll fue un escritor perteneciente a una generación terrible, una generación llamada a parar el orden de la historia para cuestionarse cómo es que el alemán de carne y hueso había llegado con el rostro intacto al páramo de la posguerra. Böll asume la tarea de su generación planteando la pregunta por la culpa del pueblo alemán en el holocausto. La respuesta no fue fácil y mucho menos definitiva.
Böll buscó antecedentes en la lectura. Se preguntó por el efecto de la literatura en la sociedad. El libro fue capaz de cambiar el curso de la historia; revoluciones han sido fraguadas al calor de ciertas lecturas y también un libro pudo enardecer el afán de poder de un dictadorzuelo. En su obra hay un constante interés por develar los mecanismos manipuladores de la propaganda, la publicidad y la prensa amarilla sobre el pueblo. Esta suerte de hipnosis colectiva que despierta la influencia de los medios masivos es de enorme vigencia para Chile; la manera en que se escenifica la noticia es decisiva en los vaivenes políticos y constituye un verdadero yugo al servicio de los que detentan el poder económico, los verdaderos dueños del país.
Para equilibrar la influencia de los medios, Böll propone la lectura. El dice que los lectores no son los ciudadanos más obedientes, por lo que un pueblo que lee no debería avalar un estado de terror. Un pueblo lector es menos fácil de manipular. Conviene, por tanto, no sólo proponer una línea de lectura que haga rebeldes a los humanos sino también tomar conciencia de la responsabilidad que le cabe al escritor; su obra puede tener un efecto sobre el otro. El lugar social de la literatura es antes que cualquier cosa una historia de su recepción.
Me parece que las reflexiones de Böll fueron adecuadas para su momento. Intuyo una actualidad de sus ideas pero no exactamente tal y como él lo propuso. Pienso que las necesidades de una sociedad corren más velozmente de lo que los artistas y pensadores logran captar, y que la academia y la institucionalidad va apenas a la siga de aquello que los creadores vislumbran. Es un círculo vicioso frustrante pero quizá el punto no sea que el artista se adelante a su época para proponer o manifestar los cambios necesarios, sino el reconocernos parte de un proceso evolutivo en el que nacen padres en la boca de los hijos. Cada idea nueva idea ha sido ya concebida en la anterior que se pretendía abolir. Con esto me pongo el parche antes de la herida, pues lo que planteo, siguiendo a Böll, será quizá chocante a los amantes de la literatura.
Pienso que hoy en día la literatura no hace rebelde a casi nadie que no sea ya rebelde de por sí. La lectura, tal y como la concibe Böll, es un acto liberador heredado del protestantismo, por el cual el lector, remecido en su conciencia, es dueño de su interpretación. El hombre que lee encuentra argumentos que lo llevarán a actuar, a buscar a sus pares con el fin de formar colectivos, partidos, y cuánta estructura fue movilizadora de la historia en los siglos pasados. Este esquema hoy en día ya no es fructífero. Por una razón bien sencilla; hace rato que la literatura, y los que la practican, pasaron a formar parte del mecanismo que sostiene el satus quo social como lo quieren los dueños de este mundo. La literatura se ha vuelto un club cerrado para elites iniciadas a las que sólo se accede con el password de acceso. Los gobiernos emprenderán grandes campañas de fomento de la lectura a sabiendas de que no obtendrán demasiados resultados pues el password de acceso permanece en secreto. A nadie sirven los ciudadanos poco obedientes.
No nos engañemos; la retórica es sabiduría, el que la maneja convence, tiene poder. Es difícil que la lectura haga rebelde al ser humano hoy pues rara vez ésta desarrolla pensamiento crítico. ¿Cómo va a desarrollar pensamiento crítico una literatura que sólo se espejea a sí misma?
Alguien dijo que escribir un libro no es tan difícil, pues cuando uno ha leído 100 está tan hinchado de argumentos que tiene que aliviarse escribiendo el libro No 101. Un pastiche de citas son los libros hoy en día. Uno ve a los poetas descifrando a los críticos para adaptar sus poéticas a lo que supuestamente se está leyendo hoy. La literatura “culta” hace poco por romper el sello de su misterio. Y para qué decir la literatura que se lee en forma masiva. Abunda la que prepara a la humanidad para un cambio de paradigma; hay los que dicen que el 2012 se acaba el mundo y los que auguran para ese año un salto cualitativo de la humanidad en dirección iluminación-de-la-conciencia. La gente le tiene demasiado respeto a los libros y a los escritores, ve en esos mundos retóricos la realidad y deja de darse cuenta que en este mismo momento, el mundo se está acabando y está siendo creado ¡al mismo tiempo!
Al escritor le encanta mantener su aura de genialidad, parece increíble pero el beso de la musa es la intimidad más resguardada. Con celo se guarda el password de acceso pues conviene resguardar la especificidad de la literatura, su pureza nos asegura el puesto a varios. Pienso que un escritor verdaderamente comprometido con la sociedad, y estamos hablando del Chile que ostenta un déficit educacional importante y necesidades imperiosas que rebalsan el cotidiano, revelará el password de acceso a la “genialidad” e inspiración para que personas de todos los medios sociales puedan beneficiarse de los efectos de la escritura y de la lectura.
Esta es mi propuesta de compromiso social; mover el foco literario de la lectura hacia la escritura y del producto hacia el proceso. Es decir, desinflar un poco el culto hacia la obra y el autor para volver a la práctica, a la materia. Hacer de la teoría una consecuencia de la experiencia, incluyendo a la lectura y la contemplación como parte de ella, pero a partir de las preguntas que plantea la experiencia misma, o sea, la vida de cada uno de nosotros.
Mi compromiso como escritora es con la Educación Poética. Lidero un grupo de personas que trabajamos con niños que van desde los 4 a los 80 años; ¡nunca es tarde para iniciarse en la poesía! La necesidad de expresión es fundamental para el ser humano y la poesía no sólo es un lenguaje artístico que está a la mano, sino uno del que, además, los chilenos tenemos tradición.
En la Educación Poética nos interesa despertar y desarrollar las capacidades imaginativas del ser humano; sabemos que la inteligencia sigue a la imaginación. No es la información que maneja una persona lo que determina su inteligencia sino lo que es capaz de hacer con la información que posee; es decir, qué crea con lo que sabe: una persona inteligente es creativa.
Rescatamos el acto de escritura del individuo inserto en un colectivo como la instancia primordial para el florecimiento de la imaginación. En el acto de escritura, que paradojalmente también puede ser oral, confluyen pasado y futuro de la persona. Lo que una vez se fue y lo que se anhela conforman al ser actual manifestado en un acto de la imaginación. El humano, desde que empieza a andar por el mundo, es tanto regresión como progresión, memoria y utopía, sombra y esperanza. El YO calibra, determina, elije e interpreta el contenido de la conciencia para transformarlo en algo nuevo. Lo nuevo creado acaba en el OTRO, sin el cual no hay YO que sobreviva.
Nuestro trabajo en Educación Poética aclara y sistematiza el proceso creativo para hacerlo accesible. Es muy emocionante comprobar que cualquier persona está en condiciones de ser un creador, como he leído en muchos libros que me han inspirado.
La creatividad ES el password de acceso al pensamiento crítico, que, en definitiva, es lo que nos hace rebeldes. Experimentar un proceso creativo positivo y placentero a temprana edad es vital para un cerebro que está desarrollando sus potencialidades. Esto no puede aprenderse en los libros ni medirse por estadísticas; hay que experimentarlo. Hay que sacar la sabiduría de los libros y transformarla en didáctica de la creatividad. En Chile somos millonarios en esta riqueza.
Propongo a los escritores y poetas transformarse en maestros de la creatividad. Pero ¡ojo! que ser maestro no significa mantener los privilegios del autor, sino todo lo contrario; hay que estar dispuesto a que la experiencia enseñe y la realidad revele su necesidad. Entregar la máscara para volverse espejo.
En cuanto a mi propio trabajo literario; mi poesía es sentimental, íntima, dramática y, a veces, absurda, porque siendo niña me entró una desconfianza supina hacia los discursos totalizadores.
Alejandra del Río. Santiago, Noviembre 2011 (escrito para la charla sobre Heinrich Boell y el compromiso social del escritor hoy, organizado por la Fundación Heinrich Boell en la Feria del Libro de Santiago, Nov. 2011)
3 comentarios:
Que excelente reflexión. Hace dos meses agregué tu blog a mi lista de lectura porque se me hizo muy interesante. Hoy cuando chequé que habías publicado algo nuevo confirmo que detrás hay una mujer inteligente.
Lo que comentas me lleva a pensar que el único compromiso que puede tener un escritor con su entorno social es, sin lugar a dudas, ser parte de ese entorno e involucrarse como él pueda hacerlo, ya sea para opinar sobre los mil y un problemas que padecemos día a día o, y aquí el poder de la literatura, mostrar a la gente, claro siempre y cuando estén interesadas, que el arte, la cultura son herramientas al servicio del espíritu.
Hoy la rebeldía esta tan comercializada como una playera con el rostro del Che; creo de verdad en las letras como un medio para generar reflexión, critica y acción, sin embargo la literatura debe de salir a las calles, dejarse sentir por quienes aun creen que las cosas no pueden cambiar. No soy idealista…pero no me conformo que lo que vivo en mi país.
Espero tu próxima entrega. Un saludo desde la Ciudad de México.
claro que sí, yo te apoyo! alce la mano al que le guste también esta entrada.
Feliz Navidad.
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